Nadie lo ha visto. Viaja con el viento.
No pide, no reprocha, no promete. No se le aparece a nadie con un mensaje. Hace una sola cosa, y la hace de paso: cuando roza a una persona, esa persona siente durante un segundo lo que siente el ave que tiene enfrente.
No hay visión, ni bosques, ni una voz diciendo nada. Es más simple y es peor: por un segundo el cuerpo sabe lo que es haber nacido para cruzar un valle entero antes del desayuno y llevar cinco años sobre una percha de cuarenta centímetros.
Después se acaba y la sala vuelve a ser la sala. Pero hay cosas que uno no puede dejar de saber después de saberlas.
❦
Durante meses recibimos historias de personas y loros. Compilamos las mejores en un libro: «El espíritu de los loros».
Diez relatos de Colombia, escritos por diez personas que no se conocen entre sí. Un patio en Antioquia. Un salón rural en el Vichada. Ninguno fue escrito pensando en un espíritu. En todos, un segundo, estuvo.
No todos terminan bien. Pero en los diez pasa ...
Suggested Credits
Tags, Events, and Projects