El olfato tiene una forma muy particular de guardar recuerdos. Las señales olfativas tienen conexiones estrechas con regiones cerebrales involucradas en memoria y emoción, y por eso un olor puede regresarte a una persona, una casa o un momento con una intensidad que a veces una fotografía no consigue. Incluso existe un nombre para esos recuerdos autobiográficos detonados por aromas: el fenómeno de Proust.
Tal vez por eso algunos olores que objetivamente no consideraríamos “ricos” pueden terminar sintiéndose profundamente familiares. El perfume de alguien, una casa antigua, la comida de tu abuela o incluso ese olor particular de una persona mayor pueden convertirse en parte de cómo la recuerdas. Envejecer cambia muchas cosas, incluido nuestro olor, pero quizá no todo lo que cambia con los años necesita convertirse en algo que tengamos que corregir.
#Drduck
Referencias:
• Arshamian A, et al. The functional neuroanatomy of odor evoked autobiographical memories. Neuropsychologia. 2013.
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