Hay momentos en los que no estás pensando.
Estás reaccionando.
Cuando te enfadas, tu cerebro puede interpretar una situación como una amenaza y activar una respuesta automática: aumenta la adrenalina, se acelera el corazón, se tensa el cuerpo y disminuye la capacidad de analizar con claridad.
Y ahí está el peligro:
🔥 Puedes decir algo que no querías decir.
🔥 Puedes hacer algo que después lamentes.
🔥 Puedes convertir un instante de enfado en una herida que dure años.
Pero existe otra posibilidad.
PAUSAR. RESPIRAR. OBSERVAR. ELEGIR.
No se trata de no enfadarte.
Enfadarse es humano.
Se trata de no permitir que unos segundos de emoción decidan por ti.
Porque entre lo que ocurre y lo que haces existe un espacio.
Y en ese espacio está tu libertad.
No siempre puedes elegir lo que sientes.
Pero sí puedes aprender a elegir cómo respondes.
Guarda este carrusel para ese día en el que necesites recordarlo.
Y compártelo con alguien que necesite aprender que tener razón no siempre val...
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