empezó a perder el cabello a los 22. Para los 23 ya no tenía nada.
Y lo más raro es que ni cuenta se dio. Traía gorra todo el tiempo, así que fue viendo menos y menos hasta que un día se acordó y ya no había nada.
Después vino el injerto. Le dijeron que necesitaba otros dos para cubrir todo, pero entre el dinero y el dolor decidió que no lo volvía a hacer: “no podía dormir, la cabeza se sentía como si se me expandiera sola”. También probó las pastillas. Y las fibras, que se le quedaban pegadas y le manchaban todo.
Pero si le preguntas cuál fue el momento en el que dijo “ya”, no te va a hablar de nada de eso.
Te va a hablar de Disney. De ir con su familia y que en cada juego le pidieran quitarse la gorra.
Y aunque mucha gente cree que el problema es solo “verse con menos cabello”, en su caso había algo más pesado. Él lo dice así: “si se me caía la gorra, sentía que se me caía la cabeza”.
Al final lo resumió en cinco palabras: “me arrepiento de no hacerlo antes”.
A veces no se tra...
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