Ninguna quebró por falta de talento ni de mercado. Las nueve dependían de una sola cosa
frágil — un producto, un canal, una persona que sostenía todo — y cuando esa cosa falló,
se cayó el edificio completo.
Y las nueve se salvaron de la misma forma: dejaron de improvisar y construyeron un
sistema. LEGO cortó su catálogo a la mitad. Apple mató decenas de productos. Starbucks
reconstruyó su operación de cero.
El negocio que no depende de nadie es el único que sobrevive a un mal año.
Si el tuyo hoy vive en tu cabeza, esa es exactamente la fragilidad que tuvieron las nueve
antes de casi morir. Y se corrige antes, no después.
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