Tu entorno influye más de lo que imaginas.
Las personas con las que compartes tiempo.
Los alimentos que tienes cerca.
Los planes que repites.
La forma en la que se come en casa.
Y aquello que tu entorno considera “normal”.
Todo puede facilitar tus hábitos… o hacer que mantenerlos cueste mucho más.
Porque no es lo mismo intentar cuidarte rodeada de sedentarismo, comida constante y presión para abandonar, que hacerlo junto a personas que caminan, entrenan, se organizan y respetan tus objetivos.
Esto no significa que debas alejarte de todo el mundo ni buscar un entorno perfecto.
Significa ser consciente de qué te impulsa y qué te frena.
Puedes empezar por pequeños cambios:
Tener alimentos que te ayuden en casa.
Proponer planes más activos.
Compartir tus objetivos con personas que te apoyen.
Buscar acompañamiento.
Y reducir las situaciones que te llevan siempre al mismo punto.
La fuerza de voluntad ayuda.
Pero no debería luchar continuamente contra todo lo que te rodea.
No es sol...
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