Una persona mayor empieza a estar más despistada, más cansada o más inestable. Durante meses, todo termina atribuyéndose a la edad.
Pero, cuando revisamos qué ha cambiado, algunas veces encontramos datos muy concretos: ha perdido seis kilos, camina la mitad, mantiene una tensión demasiado justa o presenta un pulso inusualmente bajo.
El problema no siempre es que la familia no esté pendiente. Muchas veces, nadie había pensado en medir ni en anotar.
He reunido siete aparatos y herramientas sencillas que recomiendo tener en casa. No sirven para hacer diagnósticos ni para perseguir cifras perfectas. Sirven para conocer lo habitual, detectar cambios y llegar a la consulta con información útil.
En la nueva entrada explico cómo utilizar una báscula, un glucómetro, un tensiómetro, un pulsioxímetro, un termómetro y un podómetro. Y he dejado para el final la herramienta más importante: una tabla que convierte todos esos números sueltos en una evolución que un médico puede valorar.
Puedes le...
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