Michael Schumacher llegó a Ferrari en 1996 tras ser bicampeón con Benetton en 1994 y 1995, y eligió el reto más difícil: despertar a un gigante dormido que no ganaba un título de pilotos desde Jody Scheckter en 1979.
Con un F310 frágil e impredecible, logró tres victorias ese año, incluida una clase magistral bajo la lluvia en el Gran Premio de España. Junto a Jean Todt, Ross Brawn y Rory Byrne, transformó la cultura de Maranello y sentó las bases de una de las reconstrucciones más grandes del deporte moderno.
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