En la empresa, muchos errores no son errores de ejecución.
Son errores de comunicación.
Puedes tener dos personas inteligentes, responsables y convencidas de estar haciendo lo correcto… mientras cada una entendió algo completamente diferente.
Y ahí está el peligro:
Una instrucción mal entendida también puede ejecutarse perfectamente.
Después vienen los clásicos:
“Eso no fue lo que pedí.” “Yo entendí otra cosa.” “Pensé que te referías a…” “Pero tú me dijiste que…”
Si una instrucción permite varias interpretaciones, todavía no es una buena instrucción.
Un buen líder no solamente sabe qué quiere.
Sabe comunicarlo de manera que sea difícil entender otra cosa.
Antes de culpar a quien ejecutó, revisa la calidad de quien instruyó.
Porque a veces el problema no está en el empleado que hizo algo distinto…
sino en el jefe que creyó que había sido claro.
Vas conmigo o te quedas.
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