De todas las lecciones que la vida me está enseñando, la más importante es esta: nada ni nadie está garantizado para siempre.
Las personas cambian.
Los caminos se separan.
Los momentos pasan.
Y hasta aquello que juramos que permanecería puede convertirse algún día en un recuerdo.
Por eso ya no quiero dar por sentado un abrazo, una conversación, una oportunidad, un “te quiero” o la presencia de alguien que amo.
No quiero esperar a perder para valorar.
Ni necesitar una despedida para agradecer.
Ni mirar hacia atrás para darme cuenta de todo lo hermoso que tenía frente a mí.
La vida no nos promete cuánto tiempo tendremos con alguien.
Y quizá por eso el verdadero regalo no sea tener algo para siempre, sino haberlo tenido mientras fue nuestro.
Hoy quiero amar más presente, agradecer más y dejar de posponer lo que realmente importa.
Porque nada ni nadie está garantizado para siempre.
Y eso no debería asustarnos… debería enseñarnos a vivir. ☀️
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