Si la empresa paga la casa, los coches, las emergencias y hasta los errores de toda la familia, ya no es una empresa: es el cajero automático familiar.
Y cuando nadie sabe cuánto cuesta realmente sostener a la familia, tampoco sabe cuánto gana el negocio.
Una empresa familiar puede mantener a una familia. Lo que no puede es cargarla sin reglas.
Profesionalizar también significa poner límites, separar patrimonios y dejar de confundir cariño con nómina.
Vas conmigo o te quedas.
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