Un line-up puede contener muchos nombres y ofrecer exactamente la misma experiencia una y otra vez.
La variedad no depende únicamente de cuántos artistas aparecen en el cartel. Depende de las direcciones que abre, los contrastes que propone y el lugar que concede a cada set dentro de la noche.
Coherencia no significa uniformidad. Una programación puede conservar una identidad reconocible y, al mismo tiempo, permitir que convivan diferentes ritmos, perspectivas y maneras de entender la pista.
Programar también es saber relacionar. Decidir quién abre, quién sostiene, quién rompe y quién encuentra una forma de cerrar todo lo anterior.
Un buen cartel no junta muchos nombres. Construye una conversación entre ellos.
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