29 años sin Diana. El 31 de agosto de 1997, la princesa de Gales fallecía en París, dejando tras de sí una huella que, casi tres décadas después, continúa intacta. Ella trascendió la institución para convertirse en una figura cercana, empática y profundamente comprometida con la sociedad. Su manera de relacionarse con la ciudadanía, de romper protocolos y de acercarse sin distancias a quienes más lo necesitaban transformó para siempre la imagen de la realeza. Su labor humanitaria, especialmente su lucha contra el estigma del VIH/sida y su compromiso contra las minas antipersona, sigue siendo parte esencial de su legado.
Y, al mismo tiempo, construyó una identidad propia frente a los focos: desde el inolvidable vestido de novia hasta el ‘revenge dress’, convirtió la moda en otra forma de expresión y se consagró como uno de los grandes iconos de estilo del siglo XX.
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