Hay una frase que usamos muchísimo en la cocina: “huele bien, todavía sirve”. El problema es que nuestra nariz no es precisamente un laboratorio de microbiología. Las bacterias que hacen que un alimento huela o se vea echado a perder no siempre son las mismas que pueden enfermarnos; algunos patógenos pueden estar presentes sin cambiar de forma evidente su olor, sabor o apariencia. Así que oler un tupper puede ayudarte a saber que algo ya está mal, pero no necesariamente a confirmar que sigue siendo seguro.
Por eso la seguridad alimentaria depende menos de confiar en nuestros sentidos y más de cosas bastante aburridas: cuánto tiempo lleva guardado, a qué temperatura estuvo y cómo lo manipulamos. Y quizá esa es una buena forma de entender la prevención en general: muchas veces cuidar nuestra salud consiste en controlar riesgos que nunca vamos a poder ver.
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Referencias:
• U.S. Department of Agriculture. Can b...