Subirse a un avión sin saber a dónde va sería absurdo, pero a veces pasamos la vida acelerando a fondo sin tener ni idea de la pista donde queremos aterrizar. Me ha pasado…
Sin embargo, cuando tú o tu equipo no saben bien hacia dónde va la cosa, cualquier movimiento brusco te saca de quicio.
En cambio, si tienes clara la meta, esa velocidad en el pecho no asusta, se disfruta.
El despegue deja de dar vértigo y se convierte en la mejor parte del viaje, muchas veces la que más recordaremos.
Te pregunto…
¿Sabes hacia dónde vas hoy o andas improvisando el vuelo?
Tracemos tu ruta estratégica, mi esquema del análisis de las brechas, te ayuda porque te ayuda…
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