Ser bueno en tu oficio no significa saber construir una empresa.
Puedes hacer el mejor pastel, reparar mejor que nadie o dominar técnicamente tu producto… y aun así tener un pésimo negocio.
Porque una empresa exige algo diferente: procesos, costos, márgenes, ventas, estructura, indicadores y liderazgo.
El oficio produce. El empresario construye el sistema que convierte ese oficio en negocio.
Si todo depende de que tú seas el mejor haciendo el pastel, todavía no tienes empresa: tienes autoempleo con empleados.
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