Aprendí a adaptarme a diferentes grupos sociales, a cambiar partes de mí para encajar y a esconder muchas cosas que sentía… hasta que mi cuerpo y mi mente ya no podían más.
Y cuando pasaba tanto tiempo suprimiendo emociones, llegaba un punto donde explotaba del 0 al 100. Mi familia incluso llegó a tener miedo de mis reacciones porque no entendían qué estaba pasando dentro de mí.
No era falta de amor. No era que quisiera reaccionar así. Era una persona que llevaba años intentando sobrevivir sin entender su propio cerebro.
Recibir mi diagnóstico me ayudó a dejar de preguntarme “¿qué está mal conmigo?” y empezar a preguntarme “¿qué necesito?”
Si alguna vez sentiste que eras “demasiado”, que cambiabas tu personalidad dependiendo de con quién estabas o que tus emociones eran difíciles de controlar… quiero recordarte algo:
No estás solo/a. A veces no necesitamos cambiarnos, necesitamos entendernos. 🤍
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