La calidad no puede depender de quién esté de turno.
Si cada empleado hace las cosas “a su manera”, no tienes operación: tienes improvisación.
Los protocolos no burocratizan cuando están bien diseñados. Estandarizan, reducen errores y hacen que el cliente reciba el mismo nivel de servicio siempre.
La calidad que depende de personas es frágil.
La calidad que depende de procesos es escalable.
Vas conmigo o te quedas.
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