Nadie sabe cuánto me dolió este año.
No el tipo de dolor que publicas.
Sino el tipo de dolor que te tragas.
El que nadie ve porque aprendiste a sonreír aunque por dentro estuvieras agotada.
El que llevaste en silencio mientras seguías trabajando, cuidando, resolviendo, contestando mensajes y diciendo: “Estoy bien.”
Nadie vio todas las veces que lloraste a escondidas.
Las noches en las que tu cabeza no te dejaba descansar.
Las veces que tuviste que recomponerte antes de que alguien notara que estabas rota.
Y quizás por eso este año te cambió tanto.
Porque hay dolores que no necesitan ser contados para haber sido reales.
Hoy miro hacia atrás y sé que hubo momentos en los que pensé que no iba a poder.
Pero pude.
Tal vez no salí de este año siendo la misma mujer que entró.
Y está bien.
Porque sobrevivir también transforma.
🤍 Si nadie te lo ha dicho todavía: estoy orgullosa de ti por haber llegado hasta aquí.
Por todo lo que nadie vio.
Por todo lo que callaste.
Por todas las v...
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