Lo más incómodo de New Coke no es que no hayan preguntado.
Es que sí preguntaron.
Coca-Cola hizo casi doscientas mil pruebas de sabor antes de cambiar la fórmula. La gente eligió la nueva. Los datos eran correctos.
La pregunta era la equivocada.
Preguntaron cuál sabía mejor. Nunca preguntaron qué iba a pasar si les quitaban la suya.
Y ahí está la trampa que nos toca a todos: no se trata de escuchar más al cliente. Se trata de escuchar lo que no te está diciendo.
Tu cliente nunca te va a decir que te compra por costumbre. Ni que le da flojera cambiarse. Ni que en realidad no le importa tanto la función que tú crees que es tu mayor ventaja.
Los cuatro tenían dinero, talento y datos. Les faltó hacer la pregunta incómoda.
Cada semana desarmo casos así para que los apliques en tu negocio. Sígueme.
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