Para construir el bioreactor no necesitamos una maceta específica.
En este caso utilizamos una Roothouse porque su diseño, con múltiples perforaciones, resulta funcional para lo que buscamos: generar una zona de procesamiento conectada directamente con la cama de cultivo.
Pero podemos utilizar prácticamente cualquier recipiente que tenga tapa y que podamos perforar.
Lo importante es generar suficientes puntos de conexión para que lombrices, insectos y otros organismos del suelo puedan entrar y salir libremente, manteniendo el intercambio entre el interior del bioreactor y el suelo que lo rodea.
La idea no es crear un contenedor aislado, sino una zona de procesamiento integrada al ecosistema de la cama.
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