Padre. 9 horas de trabajo al día. Un hijo que necesita casi todo su tiempo.
Y aun así, encontró una hora para él.
Este es Juan. 35 años, de Móstoles.
Durante más de 3 años hizo lo que hace casi todo el mundo: empezaba con un amigo, iba algún día, lo dejaba… y vuelta a empezar.
Después llegó una mala racha. Dejó el gimnasio, el fútbol, los coches, la alimentación y los hábitos. Dejó de cuidarse.
Hasta que un día se miró y se dijo: “De aquí tengo que salir, sea como sea”.
No tenía miedo ni dudas. Él mismo me lo contó: solo le faltaba ese “click” en la cabeza. Cuando llegó, se puso en mis manos y puso todo de su parte.
Hoy su físico no tiene ni punto de comparación con el del primer día. Hemos hecho una recomposición brutal.
Lo que más me importa, sin embargo, es lo que dice él: el entrenamiento ya no es solo físico. Es su terapia y su desconexión. Lo llama “mi momento”. Es el rato en el que cuida su cabeza para poder sostener todo lo demás.
Juan no tiene tiempo de sobra ni circun...