En un proyecto nuevo, no intento demostrar que sé.
Intento entender.
Pregunto lo complejo.
Pregunto lo obvio.
Y también pregunto eso que “todo el mundo sabe”.
Porque cuando trabajas durante años en una industria, comienzas a dar demasiadas cosas por sentado.
Y ahí aparece una ventaja poderosa del que llega desde afuera:
no está contaminado por la costumbre.
Pregunto desde lo más técnico hasta cosas que parecen de lógica básica. No por falta de criterio, sino precisamente para evitar asumir.
Una pregunta aparentemente ingenua puede descubrir una contradicción, un riesgo o una oportunidad que el experto dejó de ver porque para él ya era “normal”.
En consultoría, mi trabajo no es llegar sabiendo todas las respuestas.
Es saber hacer las preguntas que obliguen a encontrar mejores respuestas.
La ignorancia reconocida genera preguntas.
Las preguntas generan entendimiento.
Y el entendimiento permite rediseñar.
El verdadero peligro no es no saber.
Es creer que ya entendiste y dejar de...