Celebrar la forma.
Un plano se extiende sobre el vacío. Otro se recoge hacia la ladera. Los volúmenes encuentran su ritmo en esos desplazamientos: masa y aire, peso y suspensión.
El proceso permite desarmar la arquitectura y detenerse en sus relaciones. Separar las piezas, ensayar una proporción, descubrir cuánto cambia un espacio cuando cambia su sombra. Entre la roca irregular y los planos de concreto, la forma va encontrando su lugar.
Hay un goce particular en esta búsqueda. Antes de que alguien recorra una escalera o salga a una terraza, ya hemos pasado muchas veces por ahí, imaginándolo.
Dibujar también es una manera de habitar lo que todavía no existe.
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