Metes la llave en la puerta y, por un segundo, todavía esperas escuchar sus pasos al otro lado. Después recuerdas.
Y al dolor de entrar a una casa vacía se suma otro: tener que fingir fuera que ya estás bien. Que decir «ha muerto mi perro» parece exigir una justificación para no incomodar.
Escuchas «era mayor» o «puedes adoptar otro», y aprendes a callar para no tener que defender tu tristeza. Pero no te faltaban motivos: te faltaba un lugar donde no hiciera falta explicar por qué duele tanto.
Era tu familia. Y su ausencia se nota en cada rincón.
Si necesitas un espacio donde no haga falta justificarte, deja su nombre en comentarios. Aquí cabe recordarle con todo el amor que le tienes.
Y si te apetece, añade la palabra VELO a tu comentario y te envío la clase gratuita sobre los animales que ya han partido. #dueloanimal#comunicacionconanimales