Recibía información de los animales y, justo después, llegaba la duda: ¿esto es real o me lo estoy inventando?
Un día me pregunté de dónde venía esa duda. Y encontré una creencia muy antigua: los animales no comunican, no pueden hablar, no tienen alma. Una creencia ancestral, de cuando decidimos ponerlos en una posición diferente, considerando que eran objetos.
Hoy sé que cuanto más antiguo es un sistema de creencias, más profundo está en nuestro ser. Por eso este principio te recomiendo que lo mires en profundidad: lo que dudas al recibir no siempre es tuyo, a veces lo has heredado.
No son objetos. Son seres vivientes.
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