Una persona puede decir «tengo miedo».
Un animal se esconde y espera que alguien lo interprete.
Una persona puede señalar dónde le duele.
Un animal aguanta y disimula, porque en su biología mostrar dolor es peligroso.
Una persona puede pedir una segunda oportunidad.
Un animal abandonado solo puede quedarse quieto y confiar en que alguien se pare.
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Y aun así sienten todo: miedo, apego, soledad, alivio, alegría, pena.
Que no puedan contarlo no lo hace menos real. Solo lo hace más silencioso.
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Llevo quince años traduciendo ese silencio, y lo que he aprendido no va de técnica. Va de esto:
Es fácil ser bueno con quien puede darte las gracias.
Lo difícil es serlo con quien no te va a devolver nada, ni hoy ni nunca.
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A un perro con hambre le da exactamente igual a qué te dedicas.
A un gato con miedo le da igual cuánta gente te sigue.
Solo registran una cosa: si a tu lado se está seguro o no.
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Y a veces el animal que todo el mundo ha pasado de largo está esperando a que una s...