Me encanta jugar con ellas, pero para mi es imposible seguir su ritmo si lo que buscan en correr. De vez en cuando me echo una carrerita y Jara me incita a seguir el juego, pero yo ya estoy con la lengua fuera.
¡Qué le voy a hacer! Yo no soy perro y mis características humanas en este sentido no se parecen en nada a las suyas.
Así que sigo jugando con ellas, pero desde mi condición de humana, y ellas lo respetan.
Esto me hace pensar en las veces que los humanos les pedimos a nuestros animales que tengan comportamientos humanos. Las veces que nos olvidamos de su esencia y que no les respetamos.
Nuestros animales van a intentar adaptarse a nuestro ritmo de vida pero ver que no consiguen llegar donde les pedimos puede llevarles a la frustración y a la ansiedad.
Por eso hago un llamamiento al respeto. A que antes de pedirles o exigirles nada, nos paremos a pensar si eso va en contra de su naturaleza, de su animalidad.
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