La respiración es el pilar que sustenta todas nuestras emociones. Según como respiremos, vamos a sentir la emoción con una intensidad u otra e incluso puede condicionar el tipo de emoción que predomine en nosotros. Por ejemplo, si respiras de forma más agitada y rápida, es posible que puedas conectar con la angustia, la ansiedad o el enfado. En cambio, si puedes pausar tu respiración y centrarte en expulsar más aire del que entra por tus fosas nasales, seguramente vas a poder estar más tranquil@.
La ansiedad, el miedo, el estrés que sientes pueden producirte falta de aire o respiraciones rápidas y superficiales. Por otro lado, respirar más lento ayuda a tu cuerpo a permanecer en un estado más relajado.
Permanecer un rato así, tranquila pegada a su nariz, hace que mi respiración se acompase con la suya. Y no encuentro forma más bonita de equilibrar mis propias emociones y encima a ella también le encanta ❤️
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