La sed no es el mejor aviso: cuando aparece, el cuerpo ya viene perdiendo líquido hace un rato. Por eso la hidratación arranca antes de entrenar, no en el primer descanso.
Antes, llegá bien hidratado: tomá agua a lo largo del día y un vaso más un rato antes de empezar. Durante, mejor tragos chicos y seguidos que mucho de golpe, sobre todo si hace calor. Después, reponé lo que perdiste: si transpiraste mucho, seguí tomando aunque ya no tengas sed.
Prestá atención a las señales: boca seca, cansancio fuera de lo normal, dolor de cabeza, mareo, calambres u orina oscura. Si aparecen, pará, tomá líquido y buscá sombra. Si los síntomas no mejoran o son intensos, consultá.
¿Agua o bebida con sales? Para la mayoría de los entrenamientos de menos de una hora, el agua alcanza. Las sales suman en esfuerzos largos (más de una hora), con mucho calor o si transpirás mucho y te queda la ropa blanca de sal.
Guardalo y compartilo con tu equipo. Cualquier duda, escribinos.
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